marzo 4, 2021
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Lister, la Iglesia Católica tiene una vasta reserva de hermosa poesía que testifica del amor de Dios por la Creación y por nosotros. La poesía es una excelente herramienta de alabanza y reconocimiento de todo lo que Dios nos ha dado. Quizás no tan simple ni tan fácil de entretener como lo sería la prosa, la poesía tiene una faceta adicional que no es tan evidente en la prosa.

El hermoso aspecto de la poesía que la distingue de la prosa es el ritmo agregado que crea otra capa de descripción que va más allá de las palabras. Por ejemplo, en el poema “El sabueso del cielo” casi puedo escuchar el golpeteo de pisadas contra el pavimento. Es como si a cada paso se golpeara contra el suelo una palabra del poema. Este ritmo crea una sensación de urgencia que uno sentiría en una carrera a pie contra Dios. Yo diría que si la visión de Francis Thompson de “El sabueso del cielo” se hubiera representado en prosa, no habría dado a los lectores tanto impacto emocional ante la perspectiva de ser perseguidos por Dios y finalmente sucumbir a Su amor liberador.

He seleccionado seis poemas de poetas y escritores católicos que hablan y escriben sobre el generoso regalo de Dios de su amor por su pueblo. Mi consejo es leerlos con determinación y en voz alta para obtener el efecto completo. Hay muchos más poemas que probablemente sean más importantes que estos, pero seleccioné algunos de mis favoritos (“A Child My Choice” es mi favorito en particular). Algunos son solo extractos porque algunos de los poemas son muy largos. Para aquellos que quieran leer los poemas en total, pueden hacer clic en los títulos que están vinculados a una página con el poema completo. Si está interesado en más poemas de poetas católicos o al menos “perseguidos por Cristo”, le recomendaría el libro Flores del cielo compilado por Joseph Pearce.

Ahora pasemos a los poemas (prepárate para ser perseguido por el amor y capturado por la gloria de Dios):

1. EL SABUESO DEL CIELO POR FRANCIS THOMPSON

Le huía noche y día
a través de los arcos de los años,
y le huía a porfía
por entre los tortuosos aledaños
de mi alma, y me cubría
con la niebla del llanto
o con la carcajada, como un manto.
He escalado esperanzas,
me he hundido en el abismo deleznable,
para huir de los Pasos que me alcanzan:
persecución sin prisa, imperturbable,
inminencia prevista y sin contraste.
Los oigo resonar... y aún más fuerte
una Voz que me advierte:
-"Todo te deja, porque me dejaste".      
Golpeaba las ventanas
que ofrecen al proscrito sus encantos
y temblando de espanto
pensaba que el Amor que me persigue,
si al final me consigue,
no dejará brillar más que su llama;
y si alguna ventana se entreabría,
el soplo de su acceso la cerraba.
El miedo no alcanzaba
a huir cuanto el Amor me perseguía.
Me evadí de este mundo;
violé la puerta de oro de los cielos,
pidiendo amparo a sus sonoros velos,
y arranqué notas dulces y un profundo
rumor de plata al astro plateado.
Al alba dije "Ven”; "ven", a la tarde,
"escondedme de aqueste Enamorado
de miedo que me aguarde".
Tenté a sus servidores,
y sólo hallé traición en su constancia.
Para Él la fe; de mí perseguidores
con falsa rectitud y leal falacia.
Pedí volar a todo lo ligero,
asiéndome a las crines del pampero,
y aunque se deslizaba
por la azul lejanía,
y el trueno hacía resonar su carro,
y zapateaba el rayo,
el miedo no alcanzaba
a huir cuanto el Amor me perseguía.
Persecución sin prisa, imperturbable,
majestuosa inminencia. En las veredas
dejan los Pasos que la Voz me hable:
- "Nada te hospedará si no me hospedas"
Ya no busco mi sueño interrogando
un rostro de hombre o de mujer, mas quedan
los ojos de los niños esperando:
hay algo en ellos para mí de veras.
Y cuando mi ansiedad se prometía
el dulce despertar de una respuesta,
los ángeles venían
y los llevaban por la senda opuesta.
"Venid (clamaba), dadme la frescura
de la Naturaleza
que guardan vuestros labios de pureza;
dejadme juguetear en las alturas;
habitar el palacio
azul de vuestra Madre, cuyas trenzas
vagan por el espacio,
y beber como un llanto de ambrosía
el rocío del día."
Y al fin lo conseguí: fui recibido
En su dulce amistad, y abrí el sentido
de los matices de la faz del cielo,
de la nube naciente entre los velos
de la espuma del mar. Nací con ella
para morir con todo lo escondido.
Me conformé a sus huellas.
Supe caer cuando la tarde cae
al encender sus lámparas de duelo,
y reír con la aurora de ojos suaves,
y llorar con la lluvia de los cielos,
y hacer mi corazón del sol gemelo.
Pero ¡qué inútilmente!
Imposible entender lo que otro siente.
Las cosas hablan un lenguaje arcano,
incomprensible; es un silencio vano
para mi inteligencia. Aunque pudiera
prenderme de sus pechos como un niño,
seguiría mi sed de otro cariño.
Y noche a noche afuera
oigo los Pasos que me dan alcance
con medida carrera,
deliberado avance,
majestad inminente,
que deja oír la Voz de la otra parte:
- "Nada podrá llegar a contentarte
mientras no me contentes."
Espero el golpe de tu amor, inerme.
Pieza a pieza rompiste mi armadura.
De rodillas estoy, y dudo al verme
despierto y despojado.
La fuerza juvenil de mi locura
sacudió las columnas de las horas,
y mi vida es un templo desplomado;
montón de años, multitud de escombros
el ayer y el ahora.
Los sueños mismos se han evaporado,
y mis días son polvo.
Las fantasías con que ataba el mundo
me abandonan : son cuerdas muy delgadas
para alzar una tierra recargada
por el dolor profundo.
¡ Ay! que tu amor es hierba de dolores
que sólo deja florecer sus flores.
¡Oh imaginero eterno, es suficiente!
Tú quemas el carbón con que dibujas.
Mi juventud es fuga de burbujas;
mi corazón la fuente
quebrada,
donde no queda nada
del llanto de mi mente.
¡Sea! mas ¿qué amargura
si la pulpa es amarga, me deparan
las heces? Lo vislumbro en la fisura
del telón de las nubes que rasgara_
el sonar de las trompas celestiales.
Aun sin poder reconocer sus reales,
su púrpura, su cetro, su guarida,
le conozco y le entiendo. Se apresura;
quiere mi corazón, quiere mi vida,
quiere mi podredumbre,
quiere mi oscuridad para su lumbre.
Ya la persecución está lograda.
Y la Voz como un mar en torno fluye:
-¿Crees que la tierra gime destrozada?
Todo te huye, porque tú me huyes.
¡Extraña, fútil cosa, miserable!
dime, ¿cómo podrías ser amada?;
¿no he hecho ya demasiado de tu nada
para hacerte sin mérito, aceptable?
Pizca de barro, ¿acaso tú no sabes
cuán poco amor te cabe?
¿Quién hallarás que te ame? Solamente
yo, que cuanto te pido te he quitado,
para que me lo pidas de prestado
y lo dé misericordiosamente.
Lo que tú crees perdido está en mi casa
levántate, toma mi mano y pasa.
Los Pasos se han quedado junto al vano.
Acaso ¡oh tú, tiniebla que me ofusca
seas sólo la sombra de Su mano!
-"Oh loco, ciego, enfermo que te abrasas,
pues buscas el amor, a mí me buscas,
y lo rechazas cuando me rechazas."
FRANCIS THOMPSON

 2. “Un niño es mi elección” por San Robert Southwell¹

Que la locura alabe lo que ama la fantasía, yo alabo y amo a ese Niño
Cuyo corazón no tiene pensamiento, cuya lengua no tiene palabra, cuya manoningún acto contaminado.
Lo alabo más, lo amo más, todo elogio y amor es suyo,
Mientras a él lo amo, en él vivo, y no puedo vivir mal.
La marca más dulce del amor, el tema más alto de alabanza, la luz más deseada por el hombre,
Amarle la vida, dejarle la muerte, vivir en él deleite.
Él mío por don, yo suyo por deuda, así los unos a los otros debidos,
El primer amigo que fue, el mejor amigo que es, todo el tiempo lo pondrá a prueba.
Aunque joven, pero sabio; aunque pequeño, pero fuerte; aunque hombre,
sin embargo, Dios es:
Tan sabio él sabe; tan fuerte que pueda; como Dios, ama la dicha.
Su conocimiento gobierna; su fuerza defiende; su amor todo lo aprecia;
Su nacimiento nuestra Alegría; su vida a la luz; su muerte nuestro fin de esclavitud.
Ay, llora, suspira, jadea, pero sus Ángeles cantan;
De sus lágrimas, sus suspiros y sus latidos, brota un alegre manantial.
Bebé todopoderoso, cuyos tiernos brazos pueden obligar a volar a todos los enemigos,
Corrija mis faltas, proteja mi vida, diríjame cuando muera.

San Robert Southwell

3. LEPANTO por G.K. Chesterton



Versión de Jorge Luis Borges
(publicada originalmente en el primer número -noviembre de 1938- de la revista argentina Sol y Luna)


Blancos los surtidores en los patios del sol;
El Sultán de Estambul se ríe mientras juegan.
Como las fuentes es la risa de esa cara que todos temen,
Y agita la boscosa oscuridad, la oscuridad de su barba,
Y enarca la media luna sangrienta, la media luna de sus labios,
Porque al más íntimo de los mares del mundo lo sacuden sus barcos.
Han desafiado las repúblicas blancas por los cabos de Italia,
Han arrojado sobre el León del Mar el Adriático,
Y la agonía y la perdición abrieron los brazos del Papa,
Que pide espadas a los reyes cristianos para rodear la Cruz.
La fría Reina de Inglaterra se mira en el espejo;
La sombra de los Valois bosteza en la Misa;
De las irreales islas del ocaso retumban los cañones de España,
Y el Señor del Cuerno de Oro se está riendo en pleno sol.
Laten vagos tambiores, amortiguados por las montañas,
Y sólo un príncipe sin corona, se ha movido en un trono sin nombre,
Y abandonando su dudoso trono e infamado sitial,
El último caballero de Europa toma las armas,
El último rezagado trovador que oyó el canto del pájaro,
Que otrora fue cantando hacia el sur, cuando el mundo entero era joven.
En ese vasto silencio, diminuto y sin miedo
Sube por la senda sinuosa el ruido de la Cruzada.
Mugen los fuertes gongs y los cañones retumban,
Don Juan de Austria se va a la guerra.
Forcejean tiesas banderas en las frías ráfagas de la noche,
Oscura púrpura en la sombra, oro viejo en la luz,
Carmesí de las antorchas en los atabales de cobre.
Las clarinadas, los clarines, los cañones y aquí está él.
Ríe Don Juan en la gallarda barba rizada.
Rechaza, estribando fuerte, todos los tronos del mundo,
Yergue la cabeza como bandera de los libres.
Luz de amor para España ¡hurrá!
Luz de muerte para África ¡hurrá!
Don Juan de Austria
Cabalga hacia el mar.

Mahoma está en su paraíso sobre la estrella de la tarde
(Don Juan de Austria va a la guerra.)
Mueve el enorme turbante en el regazo de la hurí inmortal,
Su turbante que tejieron los mares y los ponientes.
Sacude los jardines de pavos reales al despertar de la siesta,
Y camina entre los árboles y es más alto que los árboles,
Y a través de todo el jardín la voz es un trueno que llama
A Azrael el Negro y a Ariel y al vuelo de Ammon:
Genios y Gigantes,
Múltiples de alas y de ojos,
Cuya fuerte obediencia partió el cielo
Cuando Salomón era rey.
Desde las rojas nubes de la mañana, en rojo y en morado se precipitan,
Desde los templos donde cierran los ojos los desdeñosos dioses amarillos;
Ataviados de verde suben rugiendo de los infiernos verdes del mar
Donde hay cielos caídos, y colores malvados y seres sin ojos;
Sobre ellos se amontonan los moluscos y se encrespan los bosques grises del

Salpicados de una espléndida enfermedad, la enfermedad de la perla;
Surgen en humaredas de zafiro por las azules grietas del suelo,-
Se agolpan y se maravillan y rinden culto a Mahoma.
Y él dice: Haced pedazos los montes donde los ermitaños se ocultan,
Y cernid las arenas blancas y rojas para que no quede un hueso de santo
Y no déis tregua a los rumíes de día ni de noche,
Pues aquello que fue nuestra aflicción vuelve del Occidente.

Hemos puesto el sello de Salomón en todas las cosas bajo el sol
De sabiduría y de pena y de sufrimiento de lo consumado,
Pero hay un ruido en las montañas, en las montañas y reconozco
La voz que sacudió nuestros palacios -hace ya cuatro siglos:
¡Es el que no dice “Kismet”; es el que no conoce el Destino,
Es Ricardo, es Raimundo, es Godofredo que llama!
Es aquel que arriesga y que pierde y que se ríe cuando pierde;
Ponedlo bajo vuestros pies, para que sea nuestra paz en la tierra.
Porque oyó redoblar de tambores y trepidar de cañones.
(Don Juan de Austria va a la guerra)
Callado y brusco -¡hurrá!
Rayo de Iberia
Don Juan de Austria
Sale de Alcalá.

En los caminos marineros del norte,
San Miguel está en su montaña.
(Don Juan de Austria, pertrechado, ya parte)
Donde los mares grises relumbran y las filosas marcas se cortan
Y los hombres del mar trabajan y las rojas velas se van.
Blande su lanza de hierro, bate sus alas de piedra;
El fragor atraviesa la Normandía; el fragor está solo;
Llenan el Norte cosas enredadas y textos y doloridos ojos
Y ha muerto la inocencia de la ira y de la sorpresa,
Y el cristiano mata al cristiano en un cuarto encerrado
Y el cristiano teme a Jesús que lo mira con otra cara fatal
Y el cristiano abomina de María que Dios besó en Galilea.
Pero Don Juan de Austria va cabalgando hacia el mar,
Don Juan que grita bajo la fulminación y el eclipse,
Que grita con la trompeta, con la trompeta de sus labios,
Trompeta que dice ¡ah!
¡Domino Gloria!
Don Juan de Austria
Les está gritando a las naves.

El rey Felipe está en su celda con el Toisón al cuello
(Don Juan de Austria está armado en la cubierta)
Terciopelo negro y blando como el pecado tapiza los muros
Y hay enanos que se asoman y hay enanos que se escurren.
Tiene en la mano un pomo de cristal con los colores de la luna,
Lo toca y vibra y se echa a temblar
Y su cara es como un hongo de un blanco leproso y gris
Como plantas de una casa donde no entra la luz del día,
Y en ese filtro está la muerte y el fin de todo noble esfuerzo,
Pero Don Juan de Austria ha disparado sobre el turco.
Don Juan está de caza y han ladrado sus lebreles-
El rumor de su asalto recorre la tierra de Italia.
Cañón sobre cañón, ¡ah, ah!
Cañón sobre cañón, ¡hurrá!
Don Juan de Austria
Ha desatado el cañoneo.

En su capilla estaba el Papa antes que el día o la batalla rompieran.
(Don Juan está invisible en el humo)
En aquel oculto aposento donde Dios mora todo el año,
Ante la ventana por donde el mundo parece pequeño y precioso.
Ve como en un espejo en el monstruoso mar del crepúsculo
La media luna de las crueles naves cuyo nombre es misterio.
Sus vastas sombras caen sobre el enemigo y oscurecen la Cruz y el Castillo
Y velan los altos leones alados en las galeras de San Marcos;
Y sobre los navíos hay palacios de morenos emires de barba negra;
Y bajo los navíos hay prisiones, donde con innumerables dolores,
Gimen enfermos y sin sol los cautivos cristianos
Como una raza de ciudades hundidas, como una nación en las ruinas,
Son como los esclavos rendidos que en el cielo de la mañana
Escalonaron pirámides para dioses cuando la opresión era joven;

Son incontables, mudos, desesperados como los que han caído o los que huyen
De los altos caballos de los Reyes en la piedra de Babilonia.
Y más de uno se ha enloquecido en su tranquila pieza del infierno
Donde por la ventana de su celda una amarilla cara lo espía,
Y no se acuerda de su Dios, y no espera un signo-
(¡Pero Don Juan de Austria ha roto la línea de batalla!)
Cañonea Don Juan desde el puente pintado de matanza.
Enrojece todo el océano como la ensangrentada chalupa de un pirata,
El rojo corre sobre la plata y el oro.
Rompen las escotillas y abren las bodegas,
Surgen los miles que bajo el mar se afanaban
Blancos de dicha y ciegos de sol y alelados de libertad.
¡Vivat Hispania!
¡Domino Gloria!
¡Don Juan de Austria
Ha dado libertad a su pueblo!

Cervantes en su galera envaina la espada
(Don Juan de Austria regresa con un lauro)
Y ve sobre una tierra fatigada un camino roto en España,
Por el que eternamente cabalga en vano un insensato caballero flaco,
Y sonríe (pero no como los Sultanes), y envaina el acero…
(Pero Don Juan de Austria vuelve de la Cruzada.)

 -G K. Chesterton

4. “La prisión de oro” por Beato John Henry Newman

No llores por mí cuando me haya ido
Ni gastes tu fiel aliento
En duelo por el lugar o la hora
De la muerte que todo lo envuelve;
Ni malgastes en vana alabanza tu amor
En hechos de la cabeza o de la mano,
Que viven dentro del Libro viviente,
O están escritas en arena;
Pero que sea tu mejor de las oraciones
Que pueda encontrar la gracia
Para llegar a la santa casa de peaje,
El lugar de la penitencia de la frontera, 
Para llegar a ese palacio dorado brillante
Donde habitan las almas elegidas,
Esperando su llamada segura al cielo,
Con ángeles a su lado;
Donde el odio, no el orgullo, no el miedo atormenta
El invitado transitorio,
Pero en la agonía voluntaria
Él se sumerge y es bendecido.
Y a medida que el patriarca desmayado ganaba
Su necesaria parada a mitad de camino,
Y luego Refresco siguió su camino,
Donde yacía en el monte,
Así que reza, que rescatado de la tormenta de la eterna ira del cielo,
Puedo acostarme y luego levantarme de nuevo
Seguro, pero salvado por el fuego.

–Beato John Henry Newman

5. “Pied Beauty” por Gerard Manley Hopkins

Glory be to God for dappled things–
For skies of couple-colour as a brinded cow;
for rose-moles all in stipple upon trout that swim;
Fresh-firecoal chestnut falls; finches’ wings;
Landscape plotted and pieced–fold, fallow, and plough;
And all trades, their gear and tackle and trim.

All things counter, original, spare, strange;
Whatever is fickle, freckled (who knows how?)
With swift, slow; sweet, sour; adazzle, dim;
He fathers-forth whose beauty is past change:
Praise him.

–Gerard Manley Hopkins

6.LA CANTERA por Beato Juan Pablo II


I La materia
Escucha bien, escucha los golpes del martillo,
La sacudida, el ritmo. El ruido te permite
Sentir dentro la fuerza, la intensidad del golpe.
Escucha bien, escucha, eléctrica corriente
De río penetrante que corta hasta las piedras,
Y entenderás conmigo que toda la grandeza
Del trabajo bien hecho es grandeza del hombre.

La mano encallecida, de viejas cicatrices,
Su voluntad tozuda prolonga en el martillo
Mientras el pensamiento encuentra soluciones
En la piedra que salta, en la piedra que cede.
No hay poder en la piedra si la privas del hombre.
Si la arteria de pronto, bulliciosa de sangre,
Partes en un instante y en el lugar preciso.
Busca amor en la ira, encendida de fuego,
Metida en el aliento como viento en el río
Hasta cortar las cuerdas sin que salga la voz
Luego los transeúntes se meterán en casa.
Dispersos y asustados y alguien dirá en voz baja
¡Nadie lo hubiese dicho: eran un hombre tan fuerte!

Y tú no tengas miedo. Los asuntos humanos
Discurren por un cauce de muy anchas orillas,
Todo viene de lejos, todo sigue adelante.
En todo lo que pasa mira presente Aquel
Que te llega en el rítmico golpear de martillos.

–Beato Juan Pablo II

¹Este poema en particular se lo dedico a todos los hijos de Dios que dejaron este mundo demasiado pronto.

² No pude encontrar el texto completo de este poema en total, por lo que no hay un enlace al poema completo.

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